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Devocional 26 Noviembre 2025

November 26, 2025 • Steve Torres

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“¿Acaso no tenemos derecho de comer y beber? ¿No tenemos derecho de traer con nosotros una hermana por mujer como también los otros apóstoles, y los hermanos del Señor, y Cefas? ¿O solo yo y Bernabé no tenemos derecho de no trabajar? ¿Quién fue jamás soldado a sus propias expensas? ¿Quién planta viña y no come de su fruto? ¿O quién apacienta el rebaño y no toma de la leche del rebaño? ¿Digo esto solo como hombre? ¿No dice esto también la ley? Porque en la ley de Moisés está escrito: No pondrás bozal al buey que trilla. ¿Tiene Dios cuidado de los bueyes, o lo dice enteramente por nosotros? Pues por nosotros se escribió; porque con esperanza debe arar el que ara, y el que trilla, con esperanza de recibir del fruto. Si nosotros sembramos entre vosotros lo espiritual, ¿es gran cosa si segáremos de vosotros lo material? Si otros participan de este derecho sobre vosotros, ¿cuánto más nosotros? Pero no hemos usado de este derecho, sino que lo soportamos todo, por no poner ningún obstáculo al evangelio de Cristo. ¿No sabéis que los que trabajan en las cosas sagradas, comen del templo, y que los que sirven al altar, del altar participan? Así también ordenó el Señor a los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio.” (1 Corintios 9:4–14, RVR1960)

En este pasaje Pablo continúa su argumento acerca de renunciar a los derechos por amor a los demás, pero ahora pasa de hablar de la comida a algo mucho más significativo: el derecho de los obreros del evangelio a ser sustentados por la iglesia. Pablo deja completamente claro que aquellos que trabajan en la predicación y la enseñanza tienen un derecho real, dado por Dios, a recibir apoyo material. Él apela a la vida cotidiana (v. 7), a la Ley de Moisés (Deut. 25:4; cf. 1 Tim. 5:18), a la práctica del templo (v. 13), e incluso a Cristo mismo, quien dijo: “El obrero es digno de su salario” (Lucas 10:7; cf. Mateo 10:10). Pablo no se avergüenza de este derecho. Lo defiende con firmeza.

Pero luego hace algo inesperado. Después de mostrar cuán legítimo es este derecho, les dice que él no lo ha usado (vv. 12, 15). Y la razón es sencilla: sus conciencias son demasiado débiles para soportarlo. Los corintios son espiritualmente inmaduros. Son desconfiados, orgullosos y fácilmente ofendidos. Si Pablo recibiera apoyo de ellos, se convertiría en un tropiezo. Podrían pensar que predicaba por dinero o que el evangelio no era más que otra forma de retórica pagada. Así que, conociendo su debilidad, Pablo renuncia al mismo derecho que acaba de defender.

Este es el mismo patrón que estableció en el capítulo 8. El amor voluntariamente deja de lado la libertad por el bien del hermano. Pablo no está creando una nueva regla. Él está viviendo la vida en forma de cruz de Cristo, quien dejó a un lado Sus privilegios divinos por el bien de otros (Fil. 2:5–8). El punto de Pablo no es que los ministros deban rechazar el apoyo. Su punto es que el derecho existe, pero que el amor gobierna cómo lo usamos.

Este pasaje nos recuerda que la iglesia es un cuerpo. Pablo siembra cosas espirituales; ellos deberían sembrar cosas materiales a cambio (v. 11; Gál 6:6). Cuando el cuerpo cuida a quienes lo alimentan espiritualmente, esto es amor fraternal. Sin embargo, la madurez cristiana también implica renunciar voluntariamente a un derecho cuando su uso dañaría al creyente débil. En todo, el amor edifica.

Y al considerar el ejemplo de Pablo, somos llamados a mirar a aquellos que nos edifican en la fe y preguntarnos cómo podemos apoyarlos en amor, así como ellos fielmente nos apoyan a nosotros.

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