
La advertencia de Pablo en este pasaje descansa sobre una verdad profundamente inquietante: lo que hacemos nunca es neutral, porque nosotros no somos neutrales. Aunque los objetos con los que interactuamos puedan ser moralmente indiferentes, nuestra participación en ellos nunca lo es. La razón es simple y de gran peso: somos el cuerpo de Cristo.
Antes en la carta, Pablo presentó este mismo argumento con respecto a la inmoralidad sexual. Unirse a una prostituta no es simplemente un fracaso moral privado, sino una contradicción teológica pública. “¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo?” (1 Corintios 6:15). Unir los miembros de Cristo con lo que es impuro es implicar al mismo Cristo. Esa misma lógica gobierna ahora la enseñanza de Pablo sobre la idolatría.
Cuando Pablo habla de la Cena del Señor, la describe como una verdadera participación (koinōnia) en Cristo (1 Corintios 10:16). La participación es pactal. Une. Así como los sacrificios de Israel implicaban comunión con el Dios que adoraban (v. 18), los sacrificios paganos implican comunión con los demonios (v. 20). Los ídolos pueden no ser “nada” en sí mismos, pero lo que representan, y a quién se une por medio de ellos, no es nada en absoluto.
Por eso la advertencia de Pablo se vuelve tan contundente. Participar en la idolatría es intentar llevar a Cristo a otra mesa. Y el Señor no comparte su gloria. “¿Provocaremos a celos al Señor?” pregunta Pablo, haciendo eco de los fracasos de Israel en el desierto, donde la santa celosía del pacto de Dios fue provocada no por ignorancia, sino por una lealtad dividida (Éxodo 32; Deuteronomio 32:16–17).
Aquí la carga pastoral se hace evidente. Ser el cuerpo de Cristo suena glorioso hasta que comprendemos lo que exige. Cristo no es neutral. Él es santo. Y como sus representantes, llevamos su nombre a todo lo que hacemos. En ese sentido, la pregunta no está lejos de la conocida frase ¿Qué haría Jesús?, pero es más incisiva. ¿Serviría esta acción, si se atribuyera al mismo Cristo, como un argumento contra su santidad y su deidad?
Si la respuesta es sí, el consejo de Pablo es claro: huye de ello (1 Corintios 10:14). Examina no solo lo que sabes que es permitido, sino lo que tu participación implica. Porque adondequiera que vayas, Cristo va contigo, y Él no permitirá que su nombre sea burlado.