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Devocional 14 Enero 2026

January 14, 2026 • Steve Torres

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“De todo lo que se vende en la carnicería, comed, sin preguntar nada por motivos de conciencia; porque del Señor es la tierra y su plenitud. Si algún incrédulo os invita, y queréis ir, de todo lo que se os ponga delante comed, sin preguntar nada por motivos de conciencia. Mas si alguien os dijere: Esto fue sacrificado a los ídolos; no lo comáis, por causa de aquel que lo declaró, y por motivos de conciencia; porque del Señor es la tierra y su plenitud. La conciencia, digo, no la tuya, sino la del otro. Pues ¿por qué se ha de juzgar mi libertad por la conciencia de otro? Y si yo con agradecimiento participo, ¿por qué he de ser censurado por aquello de que doy gracias?” (1 Corintios 10:25–30, RVR60)

Pablo afirma algo que a muchos cristianos les cuesta sostener: la libertad cristiana es real. “De todo lo que se vende en la carnicería, comed, sin preguntar nada por motivos de conciencia” (v. 25). El creyente no vive con temor de que las cosas creadas hayan sido corrompidas por la falsa adoración, porque “de Jehová es la tierra y su plenitud” (v. 26; Sal. 24:1). La creación pertenece a Dios, no a los ídolos.

Pero Pablo también deja claro que la libertad no se ejerce de manera aislada. Cuando alguien dice: “Esto fue sacrificado a los ídolos”, la situación cambia (v. 28). El problema ya no es el alimento en sí, sino lo que el acto comunica. Comer en ese momento implicaría razonablemente aprobación de la idolatría ante la persona que lo señaló. La preocupación de Pablo no es la contaminación espiritual, sino la representación. El creyente se abstiene, no porque el acto sea pecaminoso en sí mismo, sino porque el amor se niega a representar a Cristo como aprobando lo que Dios condena.

Aquí es donde la enseñanza de Pablo entra en la vida diaria. La ética cristiana no se rige únicamente por la intención privada, sino por el significado público. No somos individuos desconectados; estamos unidos a Cristo y actuamos como Sus representantes (2 Co. 5:20). Lo que hacemos en público dice algo acerca de quién es Cristo y de lo que Él aprueba.

Una boda ofrece un ejemplo moderno de este principio. Una boda no es una reunión neutral, sino una ceremonia, un acto de afirmación pública. La asistencia funciona como testimonio. En algunos casos, la participación sería razonablemente entendida como una aprobación de lo que la Escritura llama pecado. En esos momentos, la pregunta no es: “¿Esto inquieta mi conciencia?”, sino: “¿Qué dice mi presencia acerca de Cristo?”

La misma lógica se aplica en otros contextos. Actividades o materiales que son moralmente neutrales en sí mismos pueden adquirir un significado pecaminoso cuando se presentan públicamente como afirmaciones de lo que la Escritura condena. Como recuerda Pablo: “la conciencia digo, no la tuya, sino la del otro” (v. 29).

La libertad cristiana no se reduce por la restricción voluntaria. Se aclara por el amor. Renunciamos con gusto a lo que es lícito cuando hacerlo preserva un testimonio fiel de Cristo y edifica a otros para la gloria de Dios.

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