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Devocional 27 Enero 2026

January 27, 2026 • Steve Torres

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“Cuando, pues, os reunís vosotros, esto no es comer la cena del Señor. Porque al comer, cada uno se adelanta a tomar su propia cena; y uno tiene hambre, y otro se embriaga. Pues qué, ¿no tenéis casas en que comáis y bebáis? ¿O menospreciáis la iglesia de Dios, y avergonzáis a los que no tienen nada? ¿Qué os diré? ¿Os alabaré? En esto no os alabo.” (1 Corintios 11:20–22, RVR1960)

Las palabras de Pablo en este pasaje son inconfundiblemente severas. Lo que debía ser la expresión más clara de la unidad con Cristo y entre los hermanos se había convertido en una oportunidad para el beneficio personal. “Cuando, pues, os reunís vosotros,” dice Pablo, “esto no es comer la cena del Señor” (v.20). El problema no es simplemente una mala conducta social. Es una contradicción directa del evangelio. La reunión de la iglesia está destinada a proclamar que Cristo no está dividido y que su pueblo es un solo cuerpo (1 Corintios 10:16–17). Sin embargo, cuando los corintios se reúnian, unos se sacian mientras otros pasan hambre. Los ricos quedan satisfechos, los pobres son humillados, y el cuerpo se fragmenta siguiendo las mismas líneas del mundo. La reprensión de Pablo es cortante: “¿No tenéis casas en que comáis y bebáis? ¿O menospreciáis la iglesia de Dios, y avergonzáis a los que no tienen nada?” (v.22). El punto de Pablo va más allá de la comida. La asamblea de la iglesia no es el lugar para imponer preferencias personales, proteger estatus o ampliar influencia. Eso, si pertenece en algún lugar, pertenece a la vida privada. En el momento en que el apetito personal gobierna la adoración, la comunión se rompe. Lo que debía manifestar unidad termina revelando división. Este principio sigue siendo dolorosamente relevante. Las iglesias todavía se dividen por asuntos de preferencia, poder y control. Las disputas sobre la música, el liderazgo o incluso el color de la alfombra suelen ocultar un problema más profundo. Parafraseando la lógica de Pablo: ¿No tenéis casas donde podéis organizar las cosas a vuestro gusto? ¿Por qué insistir en moldear la reunión del pueblo de Cristo alrededor de vosotros mismos? Pablo no solo corrige; también da ejemplo. Antes en la carta, afirma que quienes predican el evangelio tienen derecho a recibir sustento (1 Corintios 9:9–14). Sin embargo, renuncia voluntariamente a ese derecho. En lugar de exigir la primera porción, se gloría en recibir nada. En vez de buscar ventaja, se limita a sí mismo por causa del evangelio. Su actitud refleja a Cristo, quien no tomó el lugar más alto, sino el más bajo. La mesa del Señor revela el corazón. Cuando la iglesia se reúne, el amor sacrificial debe reemplazar el interés propio. Toda adoración moldeada por el beneficio personal deja de reflejar a Cristo y, en su lugar, expone a un pueblo dividido. La verdadera comunión no se mide por lo que tomamos, sino por lo que estamos dispuestos a dejar por amor a nuestros hermanos.

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