# MOVED HERE!

Amor Maduro

February 18, 2026 • Steve Torres

1 Corintios 13:11.jpg

“Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño; pero cuando llegué a ser hombre, dejé lo que era de niño.” (1 Corintios 13:11, RVR1960)

Cristo nos llama a una fe dependiente y confiada, como la de un niño, no a una fe infantil. Jesús nos enseña que debemos hacernos como niños (Mateo 18:3), es decir, acercarnos a Dios con confianza, dependencia y humildad. Sin embargo, Pablo también nos manda: “no seáis niños en el modo de pensar” (1 Corintios 14:20). La vida cristiana no está diseñada para permanecer en la infancia espiritual, sino para crecer hacia la madurez.

La madurez espiritual no se mide solo por el conocimiento ni por la actividad espiritual visible. Según Pablo, la madurez se revela por medio del amor. A medida que aprendemos y practicamos el amor, nuestra transformación se hace visible. Por eso Pablo coloca esta enseñanza en medio de su explicación sobre el amor. Los dones pueden impresionar, pero el amor demuestra la formación espiritual. Como escribe Juan: “Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor se ha perfeccionado en nosotros” (1 Juan 4:12).

La madurez es la confianza adulta en los mandamientos de Dios. La Escritura enseña que la obediencia no es esclavitud, sino libertad. Jesús dice: “Si vosotros permaneciereis en mi palabra… conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8:31–32). Santiago llama a la Palabra de Dios “la ley de la libertad” (Santiago 1:25). Cuando sometemos nuestra voluntad a la de Dios, no estamos perdiéndonos a nosotros mismos; estamos llegando a ser aquello para lo que fuimos creados.

Esta madurez se expresa en nuestras relaciones. Aprendemos a “considerar a los demás como superiores a nosotros mismos” (Filipenses 2:3) y a “preferirnos los unos a los otros en honra” (Romanos 12:10). El amor ordena correctamente nuestra vida: Dios primero, los demás después, y nosotros en el lugar correcto dentro del diseño de Dios.

La fe infantil exige control, reconocimiento y comodidad. La fe como la de un niño confía, obedece y ama. A medida que crecemos en amor, dejamos atrás lo que es propio de la inmadurez y caminamos en la libertad y la confianza de una fe madura.

Share this post: