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El Amor Cara a Cara

February 19, 2026 • Steve Torres

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“Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido.” (1 Corintios 13:12, RVR1960)

Pablo continúa su argumento sobre la supremacía del amor contrastando la inmadurez con la madurez. En el versículo 11 habla de dejar lo que es de niño. En el versículo 12 explica por qué: nuestra experiencia presente de Cristo es real, pero incompleta.

Corinto era famosa en el mundo antiguo por sus espejos de bronce pulido. Eran reconocidos por su buena calidad, pero aun los mejores producían un reflejo imperfecto. La imagen era verdadera, pero oscura e indirecta. Cuando Pablo dice que vemos “por espejo, oscuramente”, los corintios habrían entendido inmediatamente: lo que vemos es real, pero todavía no es claro.

¿Y qué es lo que estamos viendo? En última instancia, estamos contemplando a Cristo. Como dice 2 Corintios 3:18, al mirar la gloria del Señor somos transformados en la misma imagen. Sin embargo, en esta era lo vemos por medio de la revelación, por la Escritura, por la obra del Espíritu y por la vida de la iglesia. Estamos siendo conformados a la imagen del Hijo (Romanos 8:29), pero el reflejo todavía no es perfecto.

Pero entonces, dice Pablo, será “cara a cara”. Un día le veremos tal como él es (1 Juan 3:2). El amor ya no será parcial. El conocimiento ya no estará limitado. Lo que ahora perseguimos por fe será nuestra experiencia directa.

Y sin embargo, aun ahora, ya hemos sido conocidos plenamente. Dios nos conoce por completo (Salmo 139:1–4). Él ya ve a los hijos que está formando. Él contempla la obra terminada, aun cuando nosotros todavía vemos oscuramente. Nuestra futura conformidad a Cristo no es incierta para Él.

Por lo tanto, la esperanza y la seguridad no son excusas para la inmadurez, sino motivaciones para crecer. Si estamos destinados a amar como Cristo ama, y ya somos conocidos como hijos de Dios, debemos madurar ahora en ese amor. El amor maduro es vivir hoy a la luz de lo que un día veremos claramente: Jesucristo mismo.

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