Romanos 9:14–18
Pablo ha estado desarrollando este argumento desde Romanos 1. Llegó a la sorprendente conclusión: “por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23). Entonces, ¿cómo nos lleva esto hasta aquí?
Ayer, Pablo habló de dos personas que fueron escogidas antes de nacer, Isaac y Jacob. Hoy nos escucha preguntar: “¿No es Dios injusto si escoge a uno sobre otro antes de que hayan hecho algo?” ¿La respuesta de Pablo? “¡En ninguna manera!”
Para dejar claro su punto, Pablo nuevamente presenta ante nosotros dos casos.
Primero, hace algo que no esperaríamos a menos que estemos siguiendo lo que Pablo dijo en el versículo 3. Pablo casi repite lo que Moisés dijo cuando descendió del monte y encontró a los israelitas en rebelión contra Dios. Moisés intercede por el pueblo y dice: “que perdones ahora su pecado, y si no, ráeme ahora de tu libro que has escrito” (Éxodo 32:32). Moisés desea ser borrado del favor de Dios, tal como Pablo expresó en el versículo 3.
La historia en Éxodo continúa cuando Dios le da instrucciones a Moisés de que deben seguir adelante sin que Dios los acompañe. Entonces vienen estas palabras: “Y le respondió: Yo haré pasar todo mi bien delante de tu rostro, y proclamaré el nombre de Jehová delante de ti; y tendré misericordia del que tendré misericordia, y seré clemente para con el que seré clemente” (Éxodo 33:19). Dios muestra misericordia a Israel, no porque le hubieran obedecido. No lo habían hecho. Dios afirma su propia libertad para mostrar misericordia. La misericordia de Dios descansa en su propia voluntad llena de gracia, no en que Israel fuera digno de ella.
Luego presenta a Faraón. La Biblia nos dice que Faraón endureció su corazón varias veces. Pero vemos, incluso desde el llamamiento de Moisés, que Dios se propone endurecer el corazón de Faraón (Éxodo 4:21). Faraón ya había tratado duramente a los israelitas, matando a sus hijos y esclavizando a sus familias. Él también está delante del Señor como culpable. Sin embargo, Dios dice: “Y a la verdad yo te he puesto para mostrar en ti mi poder, y para que mi nombre sea anunciado en toda la tierra” (Éxodo 9:16). Dios escoge mostrar su poder mediante el juicio de Faraón.
Dos casos. Ambos acusados eran culpables. “Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia” (Romanos 9:16).
La misericordia, por definición, no puede ganarse. Dios no escogió perdonar a los israelitas porque fueran buenos. Como Pablo ya declaró, hemos pecado y merecemos juicio.
El punto de Pablo aquí es que no es sorprendente que Dios juzgue a los malvados. Lo sorprendente es que tenga misericordia de alguien.
Y así se nos ofrece gracia, como dice Juan acerca de Jesús: “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios” (Juan 1:12–13).
Juan describe nuestro nuevo nacimiento en términos sorprendentemente similares. No por linaje de sangre, no por voluntad de la carne, ni siquiera por voluntad del hombre, sino de Dios.
Es Dios quien escoge. Él es justo al juzgar a los malvados y justo al perdonar a los culpables.
-steve