Romanos 9:30–33
Al principio, parece que Pablo está contradiciendo lo que ha venido desarrollando hasta ahora en el capítulo 9. Si Dios escoge a quién salvar, ¿por qué aquí Pablo hace responsables a las personas por su incredulidad?
Nuevamente, presenta ante nosotros dos casos: los que buscaron la justicia por medio de las obras y los que recibieron la justicia por medio de la fe.
Hablando del evangelio, Pablo comienza esta carta diciendo: “Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: ‘Mas el justo por la fe vivirá’” (Romanos 1:17). Más adelante dice: “Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas; la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él” (Romanos 3:21–22). Y para asegurarse de que no pensemos que de alguna manera Dios cambió la forma en que salvaba a las personas: “Porque si Abraham fue justificado por las obras, tiene de qué gloriarse, pero no para con Dios. Porque ¿qué dice la Escritura? Creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia” (Romanos 4:2–3). La fe es el medio por el cual se recibe la justicia, no la obra por la cual se gana. La fe misma no gana la justicia; es contada por justicia.
El punto es que Dios no solamente escoge quién será salvo, sino también cómo será salvo.
Dios escogió salvar por medio de la fe, y no simplemente por creer en algo superior a nosotros, sino específicamente en Cristo Jesús. Jesús mismo dice: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6). Como señala Pablo, Israel tropezó con Cristo, pero la advertencia se extiende a cualquiera que crea que puede ganar la salvación de alguna manera.
La gracia no se gana. La salvación se recibe por medio de la fe, fe en el Dios que te escoge, te llama, te justifica y finalmente te glorificará (Romanos 8:30). Y todo aquel que cree en Él jamás será avergonzado (Romanos 9:33).
-steve